Una suerte de bulto, un ladrillo negro en el estómago. Un latido en todo el cuerpo que el tiempo no cansa. Sus pelos secos y fóbicos entre si, huyendo los unos de los otros como quien huye del contagio. Y el tránsito de la vida que se dificulta, se retrasa y casi a camino de hombre pide permiso con sus años mirando el piso. En su cabeza el ladrido del mas allá que recuerda que ahí está, y la almohada que se reduce a un saco de plumas que ni los pensamientos puede sostener ya. Sus piernas se enroscan en una trenza y sus pies se solapan en busca del peso que ya no sienten. Su pecho que se balancea por el centro de la media luna que forman sus hombros, como si fueran imanes que la espalda no deja volar a un encuentro del que están privados desde siempre. Sus ojos eternamente abiertos pero nada del afuera dejan entrar, no son más que las cálidas cortinas de un cuerpo que la puta ruleta permitió vaciar.
sábado, 15 de agosto de 2009
Hija de Algo
Sarem
Un arco iris de caramelo que conecta dos islas separadas por un mar negro. Los colores que llegan a las islas como deslizándose por un tobogán y salpican la tierra gris, nutriéndola de una primavera que nunca iba a llegar. Y el arco iris, ahora un hermoso recuerdo de cristal, firme a la vista de los que no querían creer.
viernes, 14 de agosto de 2009
Cáncer
Me siento solo y débil en este oscuro y frío bosque de piedra.
Me siento diminuto parado frente a estos milenarios edificios de barro.
Camino por el sendero del viento, esquivando hojas marchitas cargadas de un verde resentimiento que embisten con la única intención de desgarrar el corazón.
Saltando por encima de raíces casi líquidas que tiran desde abajo, para sumergirme en la materia en descomposición y dejar nada más que mi cabeza al descubierto; condenarme a una eternidad de la más vacía contemplación.
De la punta de las ramas de árboles negros que siempre estuvieron, caen lentamente gotas de sudor frío, como arañas cautelosas que descienden por su tela en busca de una nueva víctima; y se pegan al aire, el aire que respiro y enferma.
El cielo repleto de pares de ojos y bocas, ojos con sus pupilas dilatadas y bocas que muelen sus dientes en un ritmo desesperante. Ojos y bocas que ni hablar ni mirar pueden, pero que en la escena que crean confirman aquello que todos se preguntan y que solo ellos saben con total seguridad, que nadie en ese mundo volverá a ver el sol.
sábado, 8 de agosto de 2009
Mis ansias de viajar y tu necesidad de rellenar
martes, 21 de julio de 2009
Amistad en Krakatoa
Un rasguño casi gatuno; y de las cuerdas vuelan gotas frías. Gotas frías que impactan con el calor de ese infierno oscuro para formar una nube húmeda y pegajosa.
La cámara se mueve en forma circular y damos con sus ojos. Sus ojos, que con un cálido amarillo difuso iluminan todo lo que ven. Convierten todo en primavera. Luz que en realidad proviene de los secretos en su interior, mierda profunda que se transforma en bien y trópico para los demás. Un vivo monumento a la belleza del alma.
La cámara sigue girando, flotando en el aire, intentando captar como alguien se hace a un costado, tratando evitar el faro solar. Se aísla en si misma, mueve sus pies frenéticamente, como queriendo expulsar únicamente por ellos una dosis de energía añeja que en ese momento la corroe por dentro. Su mirada fija en un vaso sin fondo y sus pensamientos totalmente pendientes de la sensación de desierto y hambre de ser en su boca.
Y nosotros en un rincón, abrigados por un calor fetal y enlazados por un amor desnudo que con su luz transparenta. Ofrendas y caricias.
Una burbuja con olor a la sal del mar y el calor de un atardecer en la arena que gentilmente nos llevó a otro lugar para hacer de ese invierno frío y lluvioso una fugaz imitación de un pasado de verde montaña.jueves, 16 de julio de 2009
Milk&Bar
Ahí donde el estéril sonido de una batería eléctrica lo ocupaba todo entendí. Entendí que sin importar los escalones que salteaba o volvía a subir por quien sabe que número de vez ellos iban a estar firmes a ambos lados haciendo de soporte. La música, contemporánea y bien del Norte, vacía, no hacia mas que de paisaje, un paisaje pintado a burdas pinceladas secas sacadas de una paleta del submundo.
Y por primera vez en mucho tiempo la vida se presenta, desde mi cristal, vestida en colores fluorescentes, verdes, amarillos y violetas furiosos que me llevan a un estado de felicidad robótica, casi ideal según las leyes de la lógica actual.
Más que nunca floto en el aire, volátil, colgado de un sueño que vivo y que de un minuto al otro trato de aceptar ni mas ni menos que como lo siento, tan real.
Una cachetada, un empujón y una suave caricia al dormir se mezclan en un amor tan perfecto como irreal que grita desde su único y hermoso punto, para que mas que nunca siga creyendo.
